Linfoma Foster: inicio del ensayo del Linfoma Foster. Lucía Aneiros Vázquez. Junio 2025.

 Linfoma Foster

 

 

 

 

 

 

 

 

Lucía Aneiros Vázquez

19 de junio de 2025

 

 

 

Cáncer.

Linfoma Foster.

Como nos dijo a mi madre y a mí una antigua compañera: son las patadas que nos da la vida.

Yo preferiría darle patadas a un balón (como hacía yo de pequeña…) pero la vida me las está dando bien fuertes.

Todo empezó por un fuerte dolor de barriga: gases. Y me planté en el PAC de Santiago de Compostela.

Luego me derivaron a urgencias con pronóstico de pancreatitis.

Lo peor estaba por venir.

Los médicos empezaron a sospechar de algo más… de unos ganglios inflamados…

Yo no sabía lo que pasaba hasta que mi madre escuchó la palabra…: hematología. Mi madre había colaborado con hematología media vida en banco de sangre, siendo ella una muy buena enfermera leyendo diagnósticos de todo tipo.

Linfoma.

Cáncer.

Cáncer a los linfocitos: unos elementos que tiene la sangre.

Cáncer.

Yo no busqué la enfermedad y tampoco busqué nada por internet y ahora, a día de hoy, 19 de junio de 2025, todavía me quedan 5 ciclos de quimioterapia, de dura quimioterapia, de más de 4 horas esperando a la química que me pueda salvar.

¿Tiene cura? Solamente la respuesta de mi cuerpo lo sabrá.

Ni siquiera los médicos lo pueden saber.

De momento, insisto, de momento: no tengo los típicos efectos secundarios: ni vómitos, ni náuseas, ni mareos… ni de momento se me cae el cabello, pero no me veo, no soy capaz de conducir ni siquiera dos kilómetros porque me noto con falta de reflejos ante tal cantidad de estímulos.

Como me dijo mi farmacéutica: “ahora toca luchar”.

Lo malo es que me sigo despertando demasiado temprano: entre las 4 y las 5 de la madrugada. Llevo con este ritmo de sueño más de un año y medio (a pesar de tomar somníferos). Es llegar las 21:30 o 22 horas y empiezo a bostezar cuan niña pequeña.

Este escrito no es nada nuevo, sinceramente, es un mero testimonio para que me quede a mí misma, para que quede constancia de un proceso. Tengo apuntada en mi antigua agenda cada día y cada prueba que me realizaron. Es un testimonio vital, por si a alguien le ocurre parecido y para saber que, cuando estamos bien, valoremos lo que tenemos.

En estos momentos ya no tengo ninguna fantasía mala. Yo le llamo fantasía mala a fantasía de suicidio. Como dijo la farmacéutica ahora toca luchar. Lo mismo me dijo mi terapeuta. Gracias Gabi. Eternamente agradecida a ambas.

Es fácil rendirse. Es fácil tumbarse y perder la esperanza.

No quiero ni deseo que Foster gane.

Le quiero dar una buena patada y ver esto con distanciamiento y decir…: bueno! Chico! Viniste y te fuiste con quimioterapia, con paciencia y solo espero que no vuelvas a mi lado.

No te quiero a mi lado Foster.

Te quiero devolver la patada y que no vuelvas.

Uno de los efectos secundarios que tuve fue que tardé más de dos días y medio en ir de vientre y duele mucho. Parece una broma de niños pequeños, pero estaba totalmente hinchada y sumamente incómoda. Pude vaciar y no veáis qué alivio sentí…

Soy fumadora solo de tabaco y…

El personal del hospital ya me debía de conocer.

Me convertí en una auténtica yonqui de la nicotina.

No iba a fumar porque tuviese especiales ganas de fumar. Iba automáticamente, mis pies necesitaban moverse y yo no era capaz de leer libro tras libro o revista tras revista como hacía mi santa madre o hacen el resto de pacientes.

Yo me considero una persona de acción, de movimiento.

Los pocos trabajos en los que trabajé eran total y absolutamente físicos y a mi padre (que ya no está con nosotros) también trabajaba físicamente muy duramente. Cada uno con sus circunstancias, cada uno con su genética “a cuestas”.

Lo que sí me aliviaba mucho y lo necesitaba era hablar mucho. Así lo hice con las amistades que sacaron un especial momento para venir a visitarme y que me llenaron de una inmensa alegría interior y que nos entretuvimos charlando de la enfermedad, de cotilleos o de la situación tan horrorosa política que estamos viviendo y que nos ha tocado vivir y convivir. Horrible. Las noticias dan noxo en estos momentos: o guerras o corrupción mezclado con violencia de todo tipo, ¿es que no pueden inventar un programa de buenas noticias y poder ver cómo da a luz una elefanta y que el mundo entero nos enternezcamos?

Ahora mismo, en estos momentos, ya no le tengo tanto miedo a la quimioterapia: le tengo respeto. Todavía me pueden venir efectos secundarios nefastos y me quedan meses seguramente de estar por casa sin a penas poder viajar o, ni siquiera poder conducir.

Si este verano me tengo que quedar por aquí, como quien dice, bendito sea.

Tuve que cancelar dos apetitosos viajes al extranjero.

¿Sinceramente? En cuanto nos echaron el jarro de agua fría de la noticia, de la “bomba”-como dijo un buen amigo- sinceramente, lo último que me preocupó fueron los viajes.

Al día siguiente del alta: gestiones y viajes cancelados… o pospuestos… porque nunca se sabe… eses lugares siempre estarán ahí esperando a que Foster se vaya de mi cuerpo y de mi recuerdo.

Y, sobre todo, olvidarme de cuando me escapaba a drogarme yo sola a la planta menos tres con el árbol y con el pitido de la máquina que yo llevaba a cuestas y que me daría un auténtico soponcio si me hubiese caído al suelo.

Cuando llegué a casa. A eso de las 20 horas percibí uno de los silencios más increíbles que percibí en toda mi vida. No había enfermeras entrando o saliendo, no había pitidos de máquinas, no había pruebas que esperar, no me tenían que localizar venas para hacerme analíticas.

Silencio.

Un silencio sumamente acogedor y respetuoso.

Foster es malo, muy malo.

El cáncer no es ninguna broma.

No lo es.

Comments

Popular posts from this blog